¿Sabes esas veces que descubres una canción sin querer, y te atrapa y te gusta tanto que le pones toda la atención a su(s) autor(es), y llegas a la conclusión de que al final te gustan poco o nada, y por lo tanto la canción que te llevó a conocerlos se convierte en algo especial?
A mi me pasó eso con Peggy-O y Grateful Dead.
Bueno, vale, Peggy-O no es una canción de Grateful Dead. Peggy-O es una de tantas variaciones que tuvo una canción tradicional de folk escocesa: The Bonnie Lass o’ Fyvie, pero huelga decir que fue la variación más famosa de todas. Multitud de artistas la han adaptado a sus estilos. Puede que la más conocida sea la versión de Bob Dylan con su armónica, pero también la cantaron gente como Joan Baez, Simon & Garfunkel y Jefferson Starship.
Como tantas y tantas canciones tradicionales, no tiene autor conocido, y las letras varían constantemente dependiendo de la versión que se cante. Es lo que tienen las canciones que surgen en el pueblo y que se van cantando de ciudad en ciudad gracias al boca a boca. Y como tantas otras canciones tradicionales, trataba del romance frustrado entre un soldado que debía ir a la guerra y una pobre chica que debía quedarse en casa recordando al amado. No, el pueblo no era demasiado original a la hora de componer estos folklóricos temas.
Grateful Dead, que es el caso que personalmente me ocupa, comenzó a tocarla en sus conciertos allá por 1973. Por si no conocéis al grupo, fue una banda de rock-folk estadounidense surgido en plena era psicodélica que bebió de muchas otras fuentes, desde el blues hasta el country, pasando por el jazz. Desconozco si se hacía antes, pero puede que fueran los precursores del intercambio libre de las grabaciones sus conciertos. Animaban a sus fans (los incansables Deadheads) a grabarlos y distribuirlos a todo aquel que quisiera, siempre que no sacaran beneficio económico de ello.

Jerry García fue el líder y guitarrista de Grateful Dead, y supo mantener a lo largo de décadas el espíritu del grupo, que huía del sometimiento a los convecionalismos sociales o doctrinas éticas y políticas susceptibles de limitar la libertad del individuo. La contracultura en toda su extensión, vamos. El pobre Jerry acabó muriendo de un ataque al corazón a los 53 años en una clínica de rehabilitación para toxicómanos.
La versión en concreto de Peggy-O que me encandiló fue una de un concierto de 1994. Para ese año, Jerry García ya estaba bastante afectado debido a sus escarceos con las drogas, y aunque queda patente que su presencia y su voz se tornan bastante frágiles, ello no le impide sacarse de la manga un evocador solo de guitarra a media canción.
Os dejo con ella.










Trackbacks/
Pingbacks