
Bien, ya os podéis sentar.
¿Cómo? ¿Que no os habíais puesto en pie al ver la fotografía de Bill Watterson? ¡Todos castigados de rodillas y leyendo los estatutos del club A.S.C.O.!
¿Cómo? ¿Que no sabéis quién es Bill Watterson? ¿Ni tampoco lo que es el club A.S.C.O.?
¡Esto va a ser largo!
Empecemos por la primera cuestión. Bill Watterson es Dios. Uno de varios. O al menos debería serlo en la propia y personal religión politeísta de cada ser humano, junto con David Gilmour, Ron Gilbert, David Lynch y Scarlett Johansson.
Bill Watterson es el autor al que hay que darle las gracias por crear a Calvin y Hobbes, una de las tiras cómicas más famosas y laureadas que existen. Desde 1985 a 1995 con dos años sabáticos entre medias, sus tiras de trazo sencillo y expresivo fueron apareciendo en más de 2.400 periódicos a lo largo de todo el mundo.

Luchó también en dos frentes durante años. Intentando por un lado que el valor artístico de los cómics se equiparara al valor artístico creado en otros medios como pudieran ser la pintura o la escultura; mientras que por el otro lado luchaba contra la estructura que los editores imponían a las tiras cómicas en los diarios, en lo que creía que era una vejación el obligar a escribir y dibujar historias en un espacio que cada vez iba siendo más pequeño.
Actualmente, Watterson vive semi-aislado. Se niega a firmar autógrafos, dar entrevistas y cualquier acción que tenga que ver con su persona en medios públicos. Los genios son así. Sacan su obra al mundo y dejan que hable por ellos.
¿Y quiénes son Calvin y Hobbes?
Decir que Calvin es un niño de seis años con una imaginación desbordante y que Hobbes es un tigre de peluche que cobra vida a los ojos de Calvin, sería el súmmum de la escasez, aunque también sería pretender impregnar este post de un tono sanchezdragoniano el intentar hacer una disertación comparando a ambos protagonistas con sus homónimos Juan Calvino y Thomas Hobbes, famosos teólogo y filósofo, correspondientemente.

Definir la tira de Calvin y Hobbes es casi tan complejo como la tira en sí misma. Sus personajes reflexionan continuamente sobre la sociedad, el arte, la vida y la muerte, política, filosofía y religión entre otros temas trascendentales. Para ello, la tira se nutre al mismo tiempo de continuas referencias a dichos mundos. Quevedo, Shakespeare, Franz Kafka, Nietzsche, Picasso, Hermann Melville, Paul Gauguin, Marcel Duchamp, Lewis Carroll, George Orwell, Mary Shelley… los referenciados son multitud.
Precisamente en ese punto radica la maravilla que irradia este cómic. La múltiple lectura y las diversas capas que forman cada viñeta.
No vamos a decir que para disfrutar al máximo de Calvin y Hobbes haya que tener una cultura ciertamente amplia, pero… sí, bueno, lo vamos a decir.
Valga como ejemplo esta tira:

Puede que en un primer momento el título que Calvin le otorga a su obra no nos diga nada, pero cualquiera que conozca el cuadro “Desnudo bajando una escalera” de Marcel Duchamp, sentirá una complicidad con Calvin, Hobbes y Watterson que no es fácil sentir con otras obras de otros autores.
Nos vale también el hecho de que alguien que no conozca dicha obra, se pare por un momento a investigar y consultar equis fuentes y llegue a la misma conclusión a la que llega el enterado protagonista del párrafo anterior: hay muchas cosas ocultas en cada viñeta y cada tira de Calvin y Hobbes y de cada uno depende descubrirlas y disfrutarlas.
No quiere decir, por supuesto, que para disfrutar la tira de Bill Watterson haya que ser un cerebrito cultureta gafapasta. Aunque no se perciba esa intertextualidad, siempre queda a la vista la primera capa visible, en la que se nos cuentan las aventuras y peripecias que cada día viven Calvin y Hobbes, y en las que no siempre está presente esa capa oculta.

Calvin sufre intentando conseguir todos los cupones de cada caja de cereales para que le regalen un sombrero volador. Construye espectáculos dantescos con muñecos de nieve. Le hace la vida imposible a sus padres, a su niñera Rosalyn, a su profesora, la señorita Carcoma y a su vecina Susie Derkins. Crea la Asociación Sin Chicas Obtusas, de la que es dictador vitalicio mientras Hobbes es presidente y Primer Tigre. Vende limonada a quince dólares. Construye un transmografiador, un duplicador y una máquina del tiempo con una simple caja de cartón. Spiff, su alter-ego, pilota su nave a través del espacio y explora planetas desconocidos. Es el blanco del matón de Moe. Odia ducharse y pasa las horas jugando en la calle y en la nieve.

Diría otras quince más, pero os dejaré a vosotros conocer, si aún no lo habéis hecho, todo el mundo que salió de la mente de Bill Watterson.
Así que corre a tu librería más cercana y échale un ojo por encima al primer libro de Calvin y Hobbes que veas. ¡Y lleva algo de dinero encima, porque te irás de la tienda con él bajo el brazo!
Y si por el contrario ya os encantaba la tira de antes y quereis leer algo mas desarrollado sobre la intertextualidad en las tiras de Calvin y Hobbes, os recomiendo encarecidamente este otro articulo.











Es lo q más se echa de menos desde que desapareció El Pequeño Pais
¡Sí! Era sin duda de las mejores cosas de aquellas mañanas de domingo
esta serie de libros es lo mejor de lo mejor gracias por seguir presente a mi hijo le super facinan