Reconozcámoslo. Hay ciertos momentos en los que hay que dejar la subjetividad aparte y pararse a pensar que a pesar de que cada canción que existe en este mundo ofrece una experiencia única y original, algunas tienen un qué se yo que yo que sé que las hace especiales. ¡Que son mejores, vaya!
Son canciones que tienen algo que contar. Un trasfondo que no puede ofrecer el último éxito reggaetonero de las pistas de baile. Son canciones que, si te cogen, te atraparán y te harán suyo por el resto de los tiempos.
Y para iniciar esta serie de posts, comenzaremos con la que fue, es y será la última canción que nos regaló uno de los más importantes grupos de la historia: Pink Floyd.
Después de casi treinta años de vida, en 1994 Pink Floyd da a luz su último trabajo: “The Division Bell”. Un disco mucho más equilibrado que su predecesor y el que diera comienzo a la era post-Waters del grupo, “A Momentary Lapse of Reason”.

A lo largo del disco nos volvemos a reencontrar con el sonido épico que tanta fama dio a la banda. Los pianos y órganos de Richard Wright se vuelven a ver las caras con las siempre brillantes guitarras de David Gilmour, haciendo que recordemos aquellas sensaciones que pudimos vivir con “Meddle”, “Dark Side of the Moon” o “Wish You Were Here”.
Si bien “The Division Bell” no es un disco conceptual, sí que puede decirse que la mayor parte del trabajo gira en torno a la comunicación en los tiempos que corren, o más bien a la falta de ella, hecho que queda patente sobre todo en Keep Talking o la instrumental y maravillosa Marooned. Y después de diez temas bastante a la altura, llega la última canción del disco.

High Hopes comienza con unas lejanas campanas rodeadas de un entorno audiblemente campestre. Pájaros y moscas, tomados de Grantchester Meadows, otra canción de la banda, aparecen acompañando a los tañidos metálicos, también tomados prestados de una composición anterior, esta vez Fat Old Sun.
A los pocos segundos, tres simples acordes de piano que nos acompañarán a lo largo de la canción, hacen su aparición. Tras ellos, la batería, un escueto bajo, orquesta de cuerda y la siempre agradable voz de David Gilmour.
La letra de High Hopes está co-escrita por Polly Samson, la polifacética mujer del propio David Gilmour, ora periodista, ora escritora, ora fotógrafa.

A través de las metáforas con las que tan bien acompañadas estuvieron las letras de Pink Floyd hasta la marcha de Roger Waters, el dúo Gilmour/Samson nos habla en esta ocasión de los recuerdos de infancia, de todo lo que perdemos y ganamos a lo largo de nuestra vida y de cómo el tiempo va apremiando a la vez que convierte en eternos los mejores momentos. Una despedida a los tiempos vividos y un saludo a los nuevos comienzos.
The grass was greener
The light was brighter
With friends surrounded
The nights of wonder
El piano, el bajo y la batería se van fundiendo a lo largo de la canción con sobrias guitarras acústicas, amenazadores tambores de guerra y una asombrosa orquestación, para dar paso a la culminación final, en la que todo esto, unido a un solo de los que sólo David Gilmour sabe crear, nos trae una auténtica oda a la nostalgia.

De High Hopes existe también, por suerte, un videoclip, dirigido por el magnífico a la par que surrealista Storm Thorgerson, que nos deleita una vez más deformando la realidad a su antojo y creando escenarios oníricos que acompañan perfectamente a la música, siempre en primer plano.
La estupenda orquestación corre a su vez a cargo del ya fallecido Michael Kamen, famoso compositor de varias bandas sonoras, músico de sesión y colaborador de un sinfín de artistas de renombre. El trabajo que hace con las cuerdas en High Hopes es como mínimo digno de mención.
Los últimos segundos de la canción y del disco los ocupan Charlie, hijo de Gilmour, y Steve O’Rourke, el que fuera manager del grupo a lo largo de casi toda su existencia. Una conversación telefónica entre ambos conforma el sello a una de las carreras musicales más reconocidas y admiradas.
En 2003, el grupo alemán Gregorian hizo un cover de High Hopes en su disco Masters of Chant IV, que también contaba con sendas versiones de canciones tan conocidas como Bridge over Troubled Water, With or Without You, Imagine o Clocks.
En 2005, Nightwish también decidió homenajear y versionar este punto y final de la carrera de Pink Floyd, que se convertiría también en su propio punto y seguido, ya que conformó la despedida de Tarja, dando paso así a una nueva época en el grupo.
Como himno floydiano en el que se ha llegado a convertir, ha sido también interpretada en directo en la mayoría de los conciertos que ha dado Gilmour en los últimos años a lo largo de la gira de presentación de su último trabajo, “On an Island”.
Y para acabar, cómo no, el vídeo en el que poder disfrutar de la canción que nos ocupa.
¡Que la disfrutéis!










Sin duda una de mis favoritas de Pink floyd, gran post